El 13 de abril de 1959 marcó el inicio de una de las luchas más importantes del movimiento obrero argentino: la gran huelga bancaria. En un contexto de alta inflación y pérdida del poder adquisitivo, la Asociación Bancaria reclamaba un aumento salarial de emergencia y el respeto de derechos previsionales.
Ante la falta de respuestas del gobierno de Arturo Frondizi, los trabajadores iniciaron un plan de lucha que rápidamente fue reprimido: el sindicato fue intervenido, sus dirigentes detenidos y más de 6.000 bancarios fueron despedidos. La huelga fue declarada ilegal, pero lejos de debilitarse, se transformó en una resistencia sostenida.
Durante más de dos meses, los bancarios enfrentaron la represión policial, la militarización de la actividad y la persecución laboral, manteniendo firme su reclamo en las calles y en cada lugar de trabajo.
Finalmente, el 22 de junio se levantó la huelga tras un acuerdo que garantizaba la libertad de los detenidos, la devolución del sindicato y la recuperación de derechos gremiales, aunque no todos los despedidos fueron reincorporados.
Esta lucha quedó en la historia como un ejemplo de unidad, organización y dignidad de los trabajadores bancarios en defensa de sus derechos.